No hay duda, la boca de López Obrador es muy grande y a estas alturas de su sexenio debería estar administrando los últimos tiempos con sus buenos resultados. Se supone que habríamos llegado a niveles inimaginables en frentes como el económico, la seguridad para todos, armonía social y un sistema de salud como Dinamarca, sin desabasto en medicamentos y una larga lista de negativos.
En el único caso en el que se puede palomear sus actividades es en el político, porque se la ha pasado de campaña, jugando con sus “corcholatas” en lo que sí sabe hacer, que es proselitismo desde la demagogia.
Aquí se lo he dicho, hay reportes que en la agenda del presidente López Obrador sólo hay un evento al día. Se trata de su conferencia “mañanera”, desde donde dicta la agenda que más le conviene, pero no necesariamente al país.
Como sabemos, los dos años finales de los presidentes mexicanos van perdiendo fuerza y les llega la soledad y esta no es la excepción. La diferencia con el pasado es que optan por el silencio y la reclusión en Los Pinos. López Obrador es estruendoso y enamorado del poder; seguramente no quiere que se le vaya y por eso busca cómo estar constantemente en las charlas. Su culto a la personalidad es muy grande para hacerse a un lado.
La detención de un gran capo del narcotráfico como Ovidio Guzmán se le disolvió en las manos. Lo que en un principio le había dado fuerza para recibir a los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y al Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, se esfumó y poco caso le hicieron.
López se enfocó en trivialidades como pasearlos por Palacio Nacional, ser el elevadorista, subirse a “La Bestia”, presumir los aterrizajes en el Felipe Ángeles, pero en los temas de trascendencia fue dócil y hasta se aventó uno de esos discursos que francamente son un somnífero; en su visita a la Casa Blanca, su discurso estuvo a punto de mandar a dormir a Biden.
Pero digan lo que digan, ya no les interesa posicionar el tema de Ovidio. Si les resultara importante, todos los días estaría imponiéndose en la agenda. Saben que la orden vino de Estados Unidos y que fue la DEA quien les proporcionó la ubicación para la detención.
Esa mañana, López estaba en la “mañanera” y fingió demencia en algo que pudo proyectar mediáticamente con que su estrategia está dando resultados. Pero hasta el operativo fue más violento con la muerte de 10 militares y 19 delincuentes, y el cruce de información entre miembros del gabinete fue evidente, un desorden.
Lo que sigue es la extradición del narcotraficante, aunque López Obrador y su canciller Marcelo Ebrard ya dijeron que no será pronto. Veremos si la detención de líderes del narco se vuelve una constante, un giro de timón para mandar el mensaje de que se actuará contra ellos para posicionar a sus candidatos, a quienes en la campaña les darán con todo por el gran fracaso de “pacificar al país” y en aquello de que se terminó la corrupción.
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Estas pifias siguen restando al capital político de López, que llegó a ser de más de 30 millones de votantes que lo instalaron en la presidencia y le dieron el Congreso. Hoy los arrepentidos se cuentan por miles. No habrá en el futuro cercano otro político que acumule tanto apoyo y legitimidad como la que dilapidó el Pejelagarto… pero mejor ahí la dejamos.
Entre Palabras
Reabre el tramo subterráneo de la Línea 12 del Metro luego de la tragedia de 2021 donde murieron 27 personas y se registraron más de 100 heridos… ¿Por cuánto tiempo?
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Hasta la próxima.